Ayer camine contigo a mi lado, hacia las afueras, lejos de la casa, en la zona de los jardines. Esa area tan verde, en medio del gris de la ciudad, donde parece que todo cambia, en medio de las risas de niños y los columpios. La ciudad parece haber quedado tan lejos, que no se escuchan los ruidos del trafico. Entonces fuimos niños, reconocí de pronto el terreno, emocionados jugamos, entre el columpio, las flores y los arboles. Empezamos a ver la nubes, reimos de tonterias, de todo y nada. Aparecio un vendedor de manzanas acarameladas, con su crujir reimos. El tiempo magicamente se detuvo, todo era sencillo, tan facil. Parecia un dia escapado de nuestra niñez, algunas guerras que terminaron en besos, fuimos los dioses del paraiso, sin saberlo. Me contaste aquellas historias, de tus amigos, de la familia, del pasado, de todo aquello. Y ahi quedaron nuestras huellas, como siempre, el vestigio de un amor entre el pasto y los arboles. No puede ser, que la felicidad sea tan sencilla. Un dia si aire, con sol, el parque, sus jardines, tu y yo. El tiempo a veces es asi facil. Y tan pronto hallamos vuelto, el paraiso se habra olvidado. Volveremos a la verdad, a un cielo sin estrellas. Pero nos alegramos de haber pasado aquel dia juntos. Yo sabia que la felicidad es como los sueños, debes despertar, asi que no te dije nada. Nos tomamos del brazo y regresamos, me miraste a los ojos y como el niño que esta contento despues de haber realizado su anhelada travesura.