Ella virtio agua en la pecera, conchas y piedras, coloco a los lados, el arreglo de flores que le regalo su novio y unas velas aromaticas.  La mesa quedo limpia y en orden, entonces se sirvio el tercer cafe del dia, la mezcla aromatica inundo la sala.  Ella tomo su lugar en un sillon y se acerco uno de los libros del primer estante.  Lo tomo como quien toma un objeto tan conocido, y encontro su poema favorito que leyo suavemente con el primer sorbo del cafe, aun muy caliente.  El sol languidecia en la ventana, se miraba un cielo azul de tonos casi purpuras, violaceos.   La joven continuo su lectura, sin premura, pausada, entre el cafe y las viñetas tan conocidas que decoraban el poemario.  Entonces sonaron las voces de las madres metiendo a los niños de la calle, apresurandoles a entrar antes de anochecer.  El ruido de algun coche pasando ese domingo.   La tarde fresca, terminando y dando paso a la noche.   Encendio la radio con musica suave, un poco de jazz.  La atmosfera iluminada de la sala, con un maullido que reclamaba atencion desde el quicio de la ventana.  Su gata la veia reclamando, pero ante la negada caricia, se acurruco cerca de ella, a sus pies. La joven se levanto y se acerco unas cuantas galletas, para continuar con ese ritual posterior a la comida.   En eso sono unas campanitas por la calle, que de a poco se acercaron a la casa.  Al escucharlas tan cerca ella, salio a su encuentro.   Una bicicleta, cargando una gran cesta de pan, se acercaba con un jovencito, gritando a voz en alto:

--El Pan, el Pan, el Pan...

Estando ambos cerca, ella lo miro:

--Hola, ¿que tal va el dia? me das lo mismo de siempre.

El jovencito sonrio, tomo unas margaritas y una serpentina con mucho glaseado.   --Ten el día va bien, hoy si traigo las margaritas de piña que te gustan, que te endulcen la noche.

Ella le pago y dijo: --Gracias aqui tienes.

Ella volvio a la casa y siguio el curso de su lectura, con el dulce sabor a piña, mientras la tarde moria.